martes, 16 de julio de 2013

under the bridge.

"[...] cómo cambian las cosas, los sentimientos, la letra, las compañías, el amor, el mundo. año tras año, día tras día, suceden cambios. y quizás hoy te sientes a recordarte dos años atrás y encuentres cosas que resultan inentendibles, estúpidas, ciegas. los comportamientos, los sentimientos, las palabras comparadas al hoy son totalmente ingenuas. pero en su momento parecían encajar perfectamente. pensar las cosas en frío. convivir con historias pasadas. saber recordar sin quedar atados. saber aceptar sin sentimientos pendientes. así se avanza.y podés descubrir que, si hace tiempo pensabas que él o ella era tu lugar, el único posible, quizás el tan esperado, hoy se convierte en una experiencia más de vida que te lleva a tu verdadero lugar, ese que superó cualquier historia pasada, ese que te robo lo que pensabas que no existía y se lo quedó porque quiso, haciéndolo porque así lo sentía, porque lo necesitaba. y nada de lo que sentías años atrás, por más parecido que haya sonado, se compara con lo que es el hoy. tu mundo. tu vida. hoy es todo."
Acabo de tener un acto de masoquismo e inspeccioné todas mis asquerosas verborragias de amor de los últimos cuatro años y encontré ese pedazo significante, entre otros. Me llama la atención la cantidad de cosas lindas que sentía. Las entradas eran más positivas que negativas. No escribía todos los días y generalmente cuando peor estaba menos ganas de escribir tenía. Será precisamente por esto mismo, el miedo a, como me dice la psicóloga, escucharme a mi misma. Hubo muchas entradas sobre las que pensaba "ves! ésto! tal cuál, ésto es lo que pasaba, ésto es a lo que le tendría que haber prestado atención!" y por alguna razón incongruente la siguiente entrada era de puro amor. En muchas hablaba de lo contradictorio que era sentirme como sentía y en las lindas (positivas) siempre había algo raro, siempre había algo que recalcaba el "a pesar que..." y ese tinte de "porque yo soy complicada, porque yo tengo muchos problemas". Pero lo que me repudió fue la cantidad de veces que dije que me encantaría dedicarle mi vida y que toda mi existencia se acomodara a la suya. Por Dios.  
Me puso bastante mal recordar esas cosas lindas que pasaron (que sí existieron y por razones obvias las intento suprimir), darme cuenta lo feliz que me sentía a veces y esa sensación de bienestar, de plenitud que me provocaba estar enamorada. Pero después, vuelvo a pensar en lo que estoy charlando en terapia y recapacito esto de que uno no es responsable de los estados de ánimos de los demás. El amor no depende de lo que te da el otro sino de lo que uno es capaz de sentir por el otro. Por eso, es incontrolable a pesar de los despechos. No se explicaría sino por qué uno a veces se enamora del que no le conviene. Pero no podía ser feliz con la relación que llevábamos, aunque a veces la pasáramos bárbaro. Estuve mil años tratando de convencerme que todo iba a estar bien, que las cosas se iban a ir acomodando, que no me iban a doler más las cosas del pasado, que si yo cambiaba un par de cosas de mi persona iba a funcionar, que era the one. Cuando en realidad, no confiaba en él. Jamás logré recuperar la confianza, siempre supe que íbamos a terminar mal pero no lo quería aceptar. Esas sensaciones recidivantes (utilizo términos médicos porque eran enfermizas) me alertaban que había cosas que no podía dejar pasar, porque no eran las cosas con las que yo quería convivir. No estoy hablando sólo de los cuernos, sino de la falta, la indiferencia, el abandono, el desinterés. Cada tanto, no siempre, pero mucho más seguido de lo que se espera y en realidad, es algo que no debería ni aparecer en una relación.
Leo el fragmento del principio y espero realmente que en algunos años a futuro, tenga esa misma sensación con esto que me pasa ahora, que afuera hay mucho más amor para dar y recibir y que me merezco otra cosa, algo mejor, algo que realmente me haga sentir acompañada y feliz todos los días, no sólo por períodos. 
Para terminar un poco con esta introspección, una de las entradas decía "no me arrepiento del comienzo, quizás me arrepienta del final". Me arrepiento de este final, porque nunca tendría que haber dejado que llegara tan lejos, me arrepiento de no haberme cuidado más y dejarme tan expuesta a esta ametrallación (sí, me encanta inventar palabras) al corazón, pero no me arrepiento de que haya terminado. Porque esto significa un comienzo para mí. Un comienzo a una etapa mucho mejor.

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