miércoles, 5 de marzo de 2014

in justice we believe

Acabo de releer mi entrada anterior y pensé que era una genia, porque fue bastante real y sabio lo que puse. Y pasado. Muy pasado. Porque si hace cuatro meses atrás estaba en la disyuntiva de si alguna vez encontraría el punto final, hoy no tengo dudas de eso. Lo encontré. El punto estaba en mi, sólo tenía que encontrar el modo de probarme a mi misma que podía hacer que determinadas cosas sucedieran si me lo proponía. Tuve que irme a otro país para sentir la libertad de hacer lo que yo realmente sintiera pero valió la pena. El viaje que todavía no terminé de pagar. El viaje que todavía no supero. Y sí, hubo chicos. Y sí, hubo uno en especial. Y sí, después tuve que arruinarme la historia porque todavía no aprendí a relajarme y aceptar las cosas como son. Pero la sensación de que todo puede ser simple y natural, no me la saca nadie. Y no me quiero despegar de eso. Volví de Morro con un cuadro, un cuadro que en su momento tuvo mucho significado, con una frase que me dijo este muchacho y me quedó, hablando de un tatuaje que tenía en la pierna, "Justice... because is what I believe". Me renovó mi fe en la justicia, en el equilibrio. La justicia la hace uno, porque al final, es uno el que toma las decisiones que lo llevan a las cosas que siente que merece y le hacen bien. La frase "justicia por mano propia", no se refiere sólo a Liam Neeson, en Taken, se refiere a que en la vida las cosas no suceden solas, no es el destino, ni el Señor, ni Zeus el que nos va a servir en bandeja todas las recompensas que creemos que nos merecemos. Somos nosotros mismos los que nos tenemos que tomar el trabajo de levantar el culo de la silla, secarnos los mocardos, sacudirnos la frustración y generar esos momentos en los que, por lo menos por una milésima de segundo, sintamos que la vida es justa. Por la plata que encontramos en la campera de invierno que no usamos hace un año, por el amigo que nos acaba de hacer reír hasta doler las costillas, por el colectivero que nos abre la puerta donde no está la parada, por la pizza que nos regala La Continental en nuestros cumpleaños, por la casa sola cuando estamos podridos del mundo, por el señor que es amable en la calle, porque te nombren titular cuando te habían dicho de una suplencia. Es muy probable que haya una contra a todas las opciones y que por cada una de ellas, sucedan dos negativas. Pero sigue siendo todo producto de nuestra cabeza, porque no es lo mismo tropezarse cuando estamos de buen humor, que tropezarse cuando venimos recontra piloteando el día. O esa sensación de que cuando uno está atrasado le pasan TODAS, bueno, pasan las mismas cosas cuando uno esta tranquilo, lo que en realidad pasa es que no somos conscientes de ellas. Con esa filosofía, trato de sobrevivir en la ciudad. Tengo ese problema de encontrarme en ese sentimiento estando acá, por eso quedan meses de psicóloga. Pero estoy contenta de sólo pensar que existe una posibilidad en mi de estar mejor, de sentirme mejor y de creerme mejor. Una posibilidad en mi de ser la yo que realmente quiero ser.

(ah, y no estoy más enamorada, lo perdoné y lo quiero bien. y eso me da paz)

No hay comentarios:

Publicar un comentario